Elizabeth Ryske- EDICIONES DEL PARQUE - VOCES EN CUARENTENA - Buenos Aires- Argentina Una pequeña historia
Elizabeth Ryske
Buenos Aires- Argentina
Una
pequeña historia
No había sido una
buena noche. Las pesadillas, el dolor de cabeza, la contractura por las
preocupaciones ...
Todo se conjugaba
para hacer una mañana difícil de remontar. Se levantó con cuidado para no
despertar a su mujer, y fue a la cocina a preparar el desayuno. Estaba tan
molesto, que al intentar prender la hornalla ejerció tanta presión sobre el
fósforo que lo quebró. Eso no hizo más que aumentar su mal humor. Encendió un
segundo fósforo, un tercero, y también los quebró. Ya furioso, arrojó
violentamente la caja contra el piso.
El ruido despertó
a su mujer y se miraron en silencio. Ella se levantó de la cama y sin decir
palabra recogió la caja , encendió un fósforo y calmadamente lo acercó a la
hornalla antes de irse camino a la ducha. En ese momento él se apoyó en el
marco de la puerta, y al hacerlo rozó con la punta de los dedos una de las
agarraderas tejidas al crochet que estaban colgando junto al anafe. Esas
coloridas creaciones nacidas de las manos de Ileana, esos hilos de colores que
la alemana querida había combinado con tanto amor para la nueva casa de su
amiga. “Si estuviera acá me estaría retando por la reacción” , se dijo, y no
pudo menos que sonreír. Mientras calentaba el agua para el té pensó en esos
lazos que trascendían la muerte, en esos gestos de amor que podían perdurar en
unos hilos de colores, o en cualquier otro objeto que pudiera llevarnos
inmediatamente al recuerdo feliz de un ser querido.
Poniendo en la
bandeja las tazas de porcelana ( de la abuela) y la canastita de las tostadas
(de la tía) empezó a sentir todo ese Amor que los rodeaba. Toda esa gente que
está sin estar, abrigándolos desde un gesto antiguo y fuera del tiempo,
haciéndole surgir esta inesperada sonrisa.
A pesar del miedo
y la angustia de no saber cómo sortear las dificultades económicas, de la
preocupación que implica no saber cuándo podrán volver a trabajar después del
aislamiento por esta situación insólita, a pesar del miedo al contagio y de la
sensación de impotencia ante algo tan inesperado como un virus que confinó al
mundo entero en sus casas, a pesar de todo se dio cuenta de que aún podía
sonreír.
Miró a su
alrededor y un montón de minúsculos objetos parecieron reclamar su atención ,
cada uno de ellos era portador de un mensaje, una sonrisa, un mimo , la casa
estaba repleta de tantos buenos deseos !!! Por eso, cuando ella salió de la
ducha le dio un largo, larguísimo abrazo. No tenían certezas, pero se tenían el
uno al otro, y casi en un susurro los dos dijeron “gracias”.

Comentarios
Publicar un comentario