Lidia Barugel - VOCES EN CUARENTENA - EDICIONES DEL PARQUE -Hoy comienza la cuarentena. Buenos Aires- Argentina
Hoy comienza la cuarentena.
Lidia Barugel
Buenos Aires- Argentina
A
Silvina
Al poeta se lo
llevó una muerte que nada entiende de poesía. Sucedió el día previo a comenzar
la cuarentena.
Y a ella, su
compañera de años, el poeta se le escurrió entre los dedos, como la arena del
mar en el que habían estado juntos poco tiempo atrás.
Pudimos
acompañarlos al cementerio. Después, todos quedamos solos, y ella también, en
ese departamento en el que aún irradia calor el cuerpo de su hombre. Deambula
en su tristeza, absorta, tropezando en la presencia inasible. Allí está el
poeta, pero no se toca.
Lo ve en cada
rincón, pero él no responde. Lo llama a la mesa. Entonces ella, que supo ser
maga en la cocina, ha dejado de preparar los platos exquisitos. Palmea la
sábana: que se tienda a su lado. Escucha su respiración, tal vez un quejido,
los pasos. La música parece ser su voz.
Se duerme en un
sillón, sola en la feroz anchura de la ciudad vacía.
Todo lo que ve y
toca, huele y escucha se convierte en lo que él fue, en lo que él tocaba y
miraba, en lo que podría haber escrito todavía.
Estamos en la
misma ciudad, pero no podemos llegar hasta ella. Hoy me dijo: “El único refugio
posible es su ropa: el tenerla puesta me hace sentir en sus brazos.” La imagino
vestida de él, sentada en su pequeño balcón mientras escucha los aplausos de la
ciudad a las nueve.
Allí es cuando me
quedo sin recursos, se me han agotado las palabras para consolarla.
Y ella, mi amiga,
valiente como una espina y frágil como una lágrima, un ángel con las alas rotas
y en carne viva, cose (porque tiene las manos deshabitadas) barbijos para sus
vecinos del edificio.
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