María del Carmen Barrionuevo- EDICIONES DEL PARQUE VOCES EN CUARENTENA - Punta Alta, Coronel Rosales, Pcia. Buenos Aires La noche invisible
María
del Carmen Barrionuevo
Punta Alta, Coronel Rosales, Pcia. Buenos Aires
La
noche invisible
En este 17º día
de cuarentena, ya perdí la noción del día, la noche, los horarios. Salté de la
cama completamente a oscuras. Sentí que volvía a mis once años. Me levanté a
tientas. Cuando llegué al interruptor me detuve por un instante. Siempre jugaba
a ser ciega. Aprovechaba la oscuridad para imaginarme un mundo sin luces y mi
vida en él. No oprimí la tecla. Seguí con los ojos cerrados, no sea cosa que
algún vestigio de luz se colara por las rendijas de la ventana o por debajo de
la puerta. Cuando encontré el picaporte sonreí. Como si hubiera alcanzado la
primera meta y ganado un trofeo que me permitiría más adelante utilizarlo para
lograr otros triunfos más importantes. Pasé del dormitorio a la sala y continué
con el ejercicio. Sorteé la mesa, las sillas; por fin llegué a la puerta que daba
al patio. Mi casa era del tipo chorizo, muchas habitaciones y un patio donde
convergían todas las ventanas. Me negaba a abrir los ojos; trataba de sortear
los canteros y macetas con las imágenes que guardaba en mi memoria, con el
objetivo de llegar a la última puerta: la que daba a la calle. Quedé inmóvil al
tocar esa superficie metálica y fría. No me salió una sonrisa triunfal por
haber alcanzado la meta. No quería abrir los ojos. Tampoco me animaba a abrir
la puerta. Los ruidos aumentaban. Ruidos de familias celebrando. Risas. Sobre
todo las risas… Me quedé un instante eterno tras esa puerta. Era como que si la
abría, entraría a un universo diferente. Un universo donde las familias
celebraban la llegada de un nuevo año y las copas chocaban insolentes, bajo ese
cielo coronado por fuegos de artificio que iluminaban la noche de los otros.

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