Sergio Nasgho Gómez EDICIONES DEL PARQUE . VOCES EN CUARENTENA Florencio Varela- Buenos Aires- Argentina Pan, den, mía
Sergio Nasgho Gómez
Florencio Varela- Buenos Aires-
Argentina
Pan, den, mía
Fueron momentos difíciles, la
humanidad cambió su manera de vivir, la forma de sobrevivir. El mundo moderno, la globalización, estaban
enfrentándose a una pandemia y con todo el mundo explorado. Por primera vez, nací en esta era, un desafío
ponía en funcionamiento los progresos
del sistema sanitario a gran escala, macro.
Pero esto nace de mi raciocinio, de
estar informado, no por medios hegemónicos, sino siendo objetivo y pluralista
en la búsqueda, análisis y asimilación de la información para formarnos como decía un Quijote tucumano.
Estaba aterrado. Se hacía tarde, debía
casarme y tener hijos. La cuarentena
hacía difícil, corrijo, imposible, declararme a esa mujer que una vez
conocí. Entonces entré a trabajar en una
aplicación colombiana de servicios, era mi gran oportunidad. Le pedí la moto a mi amigo Carlos, mejor
dicho lo soborné con eso que ustedes ya saben. Igualmente no sirvió mi jugada
ajedrecista porque no tenía el registro pertinente.
Fui hasta la baulera, agarré el
inflador y salí a la calle. Estaba registrado como delivery, mis piernas
pusieron en funcionamiento los pedales. Su
casa fue el destino.
Al regresar a mi hogar, no cené, solo
me dirigí a mi habitación. Allí, estando
recostado me dormí.
Por la mañana siguiente, desayuné
fuerte, creo que me excedí de nutrientes. En un vacío entre pensar y recordar
me pregunté -¿Por qué estando en la puerta de entrada de Gina, no pude
llamarla?
Claro, ella desconoce que existo.
Salí rápido para tomar unos pedidos en
una cadena de farmacias
A Gina la encontré en la calle una
tarde de primavera, creo que fue hace
siete o diez años o tal vez la suma de ambos números.
Se hizo tarde para seguir indagando,
fui a trabajar.
Fueron 14 horas recorriendo el área
metropolitana, esto de la cuarentena viene bien para facturar.
Se me corrió el barbijo, un policía me
vio. Distraído paré la bicicleta en la ciclovía. Pasó Gina
circulando. Yo paralizado. Recuerdo la parálisis del sueño, ocurría antes de
levantarme para ir a la escuela, aunque nunca zafé de tener inasistencias.
Del mismo modo, transcurrió la vida y
la mujer de la cuál estoy enamorado se alejó por la avenida.
Ese día remontó porque hice unos
pesos, mejor dicho, dólares extras con unos turistas que celebraban, pese a la
estricta cuarentena.
Habían solicitado el servicio, fui el
encargado de suministrar alcohol. Viajeros,
residentes ¿qué los hace observar estos lares?
Tuve atención y preocupación por Gina,
me parece que el tapabocas no le cubría bien el mentón.
Me dormí esa noche.

Comentarios
Publicar un comentario